Cuando las temperaturas fluctúan, especialmente durante el frío o el calor extremos, los materiales utilizados en el aislamiento acústico, como la espuma, el caucho y el aislamiento térmico, tienden a expandirse y contraerse. En invierno, las bajas temperaturas pueden provocar la contracción de los materiales, creando huecos y grietas en las barreras acústicas que permiten la filtración del ruido. Por el contrario, en verano, el calor excesivo puede provocar la expansión de los materiales, lo que conlleva deformaciones y una reducción de su capacidad de absorción acústica.
Solución: Para combatir estos problemas, es importante elegir materiales resistentes a la temperatura que soporten los cambios estacionales sin degradarse, como el acero galvanizado, la fibra de vidrio, la lana mineral o la espuma acústica, presentes en nuestros paneles de acero insonorizados Mesh. Las inspecciones periódicas, especialmente antes de la llegada de condiciones climáticas extremas, permiten identificar y corregir cualquier hueco o grieta que pueda haberse formado.