El tiempo de reverberación, comúnmente expresado como RT60, mide la duración de la energía sonora tras el cese de la fuente. Wallace Clement Sabine, uno de los fundadores de la acústica arquitectónica, demostró en Harvard a finales del siglo XIX que la reverberación influye en la inteligibilidad del habla de forma mensurable.
Cuando el RT60 supera los niveles óptimos para el habla, las consonantes pierden nitidez. El índice de transmisión del habla disminuye. El oyente reconstruye los microdetalles borrosos mediante procesamiento predictivo.
Una investigación del Centro de Investigación Acústica de la Universidad de Salford muestra que una mejora en los valores del índice de transmisión del habla se correlaciona con una mayor claridad y credibilidad percibidas. En experimentos controlados, los participantes calificaron presentaciones idénticas como más fiables cuando se realizaron en salas acústicamente acondicionadas.
Las palabras no cambiaron. Las condiciones acústicas transformaron el juicio.
Los estudios culturales ofrecen otra perspectiva. El antropólogo Edward T. Hall escribió sobre la proxémica, el estudio de las relaciones espaciales en la comunicación. El sonido modifica la proxémica. Una voz que llega con claridad se siente más cercana y arraigada. Una voz difuminada por el eco se siente distante, incluso si la distancia física permanece constante.
En una oficina doméstica contemporánea con paredes de yeso sin tratar y suelos duros, suele aparecer un eco vibrante entre superficies paralelas. Durante las videollamadas, esto crea una ligera sensación de vacío que altera sutilmente la percepción de la presencia. Los oyentes pueden describir al hablante como menos inmediato. La explicación reside en los patrones de reflexión, no en la personalidad.
La autoridad es en parte retórica. También es acústica.
Si la claridad moldea la autoridad, ¿cómo la imprevisibilidad moldea la concentración?